¿Qué se ofrece?

¿Qué se ofrece?

¿Qué se ofrece?

Paulandeddies es un proyecto de Jorge Virgós que ofrece servicios de estrategia y creatividad. Desde posicionamiento y creación de marcas, hasta desarrollo conceptual de productos, su presentación en sociedad y, por qué no, misiones imposibles. La creatividad no solo es una frase ingeniosa que sirva de apellido a una marca o producto.

Paulandeddies es un proyecto de Jorge Virgós que ofrece servicios de estrategia y creatividad. Desde posicionamiento y creación de marcas, hasta desarrollo conceptual de productos, su presentación en sociedad y, por qué no, misiones imposibles. La creatividad no solo es una frase ingeniosa que sirva de apellido a una marca o producto.

Paulandeddies es un proyecto de Jorge Virgós que ofrece servicios de estrategia y creatividad. Desde posicionamiento y creación de marcas, hasta desarrollo conceptual de productos, su presentación en sociedad y, por qué no, misiones imposibles. La creatividad no solo es una frase ingeniosa que sirva de apellido a una marca o producto.

La creatividad puede y debería estar en el corazón de las compañías, aportando perspectiva, visión de mercado, sorpresa, potencialidad y verdad. Cada caso en Paul and Eddie’s puede contar con un equipo montado ad hoc con lo mejor de cada casa para dar la respuesta esperada. O mejor aún, la no esperada.

La creatividad puede y debería estar en el corazón de las compañías, aportando perspectiva, visión de mercado, sorpresa, potencialidad y verdad. Cada caso en Paul and Eddie’s puede contar con un equipo montado ad hoc con lo mejor de cada casa para dar la respuesta esperada. O mejor aún, la no esperada.

La creatividad puede y debería estar en el corazón de las compañías, aportando perspectiva, visión de mercado, sorpresa, potencialidad y verdad. Cada caso en Paul and Eddie’s puede contar con un equipo montado ad hoc con lo mejor de cada casa para dar la respuesta esperada. O mejor aún, la no esperada.

¿Por qué P&E?

Los años en Apple, y diría que en otras grandes compañías, tienen algo de caninos: así, quince años humanos en Apple equivalen a casi una vida entera, doy fe. Durante esa eternidad, al final de largos días de trabajo Paul and Eddie’s era nuestro Cheers. Un bar de dardos y billares al que íbamos a charlar de nuestras familias durante cinco minutos para luego conversar horas y horas sobre trabajo.

Acaba de llegar un finlandés de cuatro metros, pedidle directamente dos o tres pintas de Lagunitas para ahorrar tiempo. No hablábamos de las tareas que teníamos entre manos porque no estaba permitido, obvio, hablábamos de marcas, de su esencia, de todo tipo de ideas y su encaje en otras culturas.

Mira, se han animado nuestras reinas turca y árabe y el japonés volador. La idea del dardo viene de ahí y es un homenaje a aquel lugar y a tanta gente tan talentosa y tan generosa (siempre tan de la mano).

La patente del dardo, la precisión en la precisión: la buena creatividad, el buen emprendimiento siempre deben partir de una estrategia certera por necesidad. Alguien que se atreva a echar a esos dos armarios roperos alemanes de la máquina de discos, por favor, por piedad.

Charlar, simplemente charlar, esa forma aparentemente olvidada de aprender.

Bar, visite nuestro bar.

Llueve en Oviedo.

Llueve en Oviedo.

No siempre orbaya con dulzura en Oviedo. Durante mi infancia caían océanos de cielos negro carbón todos los días, todas las noches, a todas horas. Ese es mi recuerdo. Fueron años de contemplar la vida desde el interior, en todos los sentidos. Entonces ya me tenía que haber dado cuenta de que mi verdadera pasión eran las marcas. A Vetusta no llegaban muchas y, desde luego, en casa no estábamos para lujos, la exprimidora era Braun, eso sí. Pero aquello no tenía nada que ver con el estatus, yo simplemente conservaba packagings, etiquetas, cualquier detalle de todo tipo, y los estudiaba de arriba abajo con curiosidad gatuna.

¿Quién habría empezado con aquellas fantásticas historias? ¿De dónde había surgido la chispa? ¿Por qué?

¿Son las marcas frías corporaciones diseñadas quirúrgicamente para exprimir bolsillos o son modos de expresión y propuestas de personas con talento y coraje que quieren compartirlas con nosotros y mejorar nuestros lunes?

Llueve en Oviedo.

No siempre orbaya con dulzura en Oviedo. Durante mi infancia caían océanos de cielos negro carbón todos los días, todas las noches, a todas horas. Ese es mi recuerdo. Fueron años de contemplar la vida desde el interior, en todos los sentidos. Entonces ya me tenía que haber dado cuenta de que mi verdadera pasión eran las marcas. A Vetusta no llegaban muchas y, desde luego, en casa no estábamos para lujos, la exprimidora era Braun, eso sí. Pero aquello no tenía nada que ver con el estatus, yo simplemente conservaba packagings, etiquetas, cualquier detalle de todo tipo, y los estudiaba de arriba abajo con curiosidad gatuna.

¿Quién habría empezado con aquellas fantásticas historias? ¿De dónde había surgido la chispa? ¿Por qué?

¿Son las marcas frías corporaciones diseñadas quirúrgicamente para exprimir bolsillos o son modos de expresión y propuestas de personas con talento y coraje que quieren compartirlas con nosotros y mejorar nuestros lunes?

- Why do you come here?

- Why do you come here?

Elevación,
elegancia
y entusiasmo.

Elevación, elegancia y entusiasmo.

Elevación, elegancia y entusiasmo.

Vaya por delante que no pretendo ser esnob, pero me resulta necesario tirar de estos dos grandes nombres para hacerme entender. Esta cita, solo aparentemente simple, se puede atribuir a Thomas Mann en su Dr. Fausto y también a John Coltrane en su A Love Supreme. Más allá de sus magníficos co-autores, estas tres palabras me vienen una y otra vez a la cabeza mientras trabajo hasta el punto de convertirse casi en un mantra. Estoy convencido de que (sin quererlo ellos, claro está) reflejan de un modo profundo y certero lo que buscamos en las marcas.

Cuando elegimos entre cuatro camisas exactamente iguales la que tiene ese logo en particular, ¿no estamos eligiendo aquella historia de la que queremos formar parte? Cuando elegimos tal o cual marca, ¿acaso no estamos eligiendo la que más transporta a ese “yo” a ese “lugar” imaginario al que nos gustaría pertenecer, aquel que nos otorga cierta, llamémosla, elevación? No ya solo con una camisa, pasa incluso con el caldo que hacemos, la seguridad de nuestro hogar o lo que se nos pase por la cabeza. Queremos ser vistos más interesantes, competentes e inteligentes por los demás, pero también, o sobre todo, por nosotros mismos. Día sí y día también puede ser como un domingo en un pueblo olvidado, silencioso y gris (gracias, Mozzer), por eso nos levantamos necesitados de elevación, de elegancia y de entusiasmo. Y ahí las marcas juegan un rol muy importante, aunque muchas veces no nos demos cuenta.

Sí, es normal que la gente vea en las marcas solo la cara del dinero, del feroz beneficio. Pero hay otra manera de verlo: la de la pasión. La de fundadores y empresas que creen y luchan por compartir su idea con toda la sociedad para que, de una u otra manera, todos vivamos un poco mejor. Lo cierto es que un montón de esfuerzos de las marcas hacen avanzar a la sociedad en términos prácticos. Pero también en esos otros aspectos que se escapan a lo tangible y que van directos a nuestro intelecto y a nuestras emociones, eso tan primordial vinculado a nuestros deseos y al mundo que anhelamos.   

Vaya por delante que no pretendo ser esnob, pero me resulta necesario tirar de estos dos grandes nombres para hacerme entender. Esta cita, solo aparentemente simple, se puede atribuir a Thomas Mann en su Dr. Fausto y también a John Coltrane en su A Love Supreme. Más allá de sus magníficos co-autores, estas tres palabras me vienen una y otra vez a la cabeza mientras trabajo hasta el punto de convertirse casi en un mantra. Estoy convencido de que (sin quererlo ellos, claro está) reflejan de un modo profundo y certero lo que buscamos en las marcas. Cuando elegimos entre cuatro camisas exactamente iguales la que tiene ese logo en particular, ¿no estamos eligiendo aquella historia de la que queremos formar parte? Cuando elegimos tal o cual marca, ¿acaso no estamos eligiendo la que más transporta a ese “yo” a ese “lugar” imaginario al que nos gustaría pertenecer, aquel que nos otorga cierta, llamémosla, elevación? No ya solo con una camisa, pasa incluso con el caldo que hacemos, la seguridad de nuestro hogar o lo que se nos pase por la cabeza.

Queremos ser vistos más interesantes, competentes e inteligentes por los demás, pero también, o sobre todo, por nosotros mismos. Día sí y día también puede ser como un domingo en un pueblo olvidado, silencioso y gris (gracias, Mozzer), por eso nos levantamos necesitados de elevación, de elegancia y de entusiasmo. Y ahí las marcas juegan un rol muy importante, aunque muchas veces no nos demos cuenta.Sí, es normal que la gente vea en las marcas solo la cara del dinero, del feroz beneficio. Pero hay otra manera de verlo: la de la pasión. La de fundadores y empresas que creen y luchan por compartir su idea con toda la sociedad para que, de una u otra manera, todos vivamos un poco mejor. Lo cierto es que un montón de esfuerzos de las marcas hacen avanzar a la sociedad en términos prácticos. Pero también en esos otros aspectos que se escapan a lo tangible y que van directos a nuestro intelecto y a nuestras emociones, eso tan primordial vinculado a nuestros deseos y al mundo que anhelamos.   

About.

About.

Nací en el 73 en Oviedo, Asturias. El 94 mis padres tiraron la toalla conmigo y pidieron un crédito para mandarme a Barcelona a que buscara mi destino. El 97, aporreé muerto de angustia la puerta de una agencia de publicidad que me habían recomendado de la manera más rocambolesca (yo no quería ser publicista, quería escribir series de TV como Hill Street Blues). No tenía nada que ofrecer ni trabajo que enseñar. Esperé más de cuatro horas por un tal Toni Segarra, del que no tenía ni remota idea de quién era. El pobre Toni pensó que solo quería bronca, y yo solo tenía cinco palabras que decirle, “por favor, dame una oportunidad”. Nunca le podré agradecer lo suficiente que tuviera fe en balas perdidas como yo, y el cariño y la paciencia que siempre me ha dado. Premios y esas cosas hubieron. Pero los premios de verdad han sido las lecciones de todos aquellos para los que trabajé. Desde Toni y su equipo, a Johan Kramer y Erik Kessels, Rafa Antón, Julián Zuazo, Santi Nolla y, ya en Apple, Sean Austin y Dean Wei. Ahora sí que llegan tiempos nuevos, creo que queda muchísimo por decir en la comunicación de marcas con o sin IA.

Y que hay mucho que desde Paulandeddies podemos y queremos decir y hacer.

Hell, yeah!